quién fue cándido llorente notario (1870- 1963)
ALCALDE DE CASTILLO DE BAYUELA
(14-03-1936 / 13-09-1936)
Ejerció el cargo de alcalde de la villa de Castillo de Bayuela desde febrero de 1936 hasta septiembre del mismo año. Durante este breve periodo de mandato, destacó por la defensa del valor fundamental de la comunidad local: la preservación de la vida de sus vecinos, aun a costa de poner en riesgo la propia.
Tras el estallido de la Guerra Civil española y durante la primera fase del conflicto, cuando la localidad quedó bajo el control del Frente Popular, llevó a cabo actuaciones encaminadas a la protección de aquellas personas que, por su adscripción política, condición social o religiosa, se encontraban en riesgo de represalias. Mediante diversas estrategias personales y administrativas, logró evitar señalamientos y detenciones y, en los casos en que ello no fue posible, proporcionó amparo directo, llegando incluso a ocultar a algunas de estas personas en su propio domicilio, como ocurrió con el párroco de la localidad.
Asimismo, asumió la custodia de las llaves de la iglesia parroquial y se enfrentó abiertamente a las fuerzas presentes en la localidad con el fin de impedir su destrucción o profanación, logrando preservar tanto el edificio como su patrimonio artístico y religioso.
En una segunda fase, a partir de septiembre de 1936, tras la ocupación de la localidad por el Frente Nacional, mantuvo una conducta análoga de protección hacia personas vinculadas al bando derrotado. La coherencia y dimensión humanitaria de su actuación motivaron que, pese a su condición de cargo político local adscrito al bando vencido, su integridad física fuera respetada, existiendo instrucciones explícitas para evitar cualquier represalia contra su persona. La única consecuencia sufrida fue su destitución como alcalde y el posterior nombramiento de un sustituto afín al nuevo régimen, circunstancia que fundamenta la legitimidad de la resignificación pública de su nombre y trayectoria.
Como consecuencia de estas actuaciones, Castillo de Bayuela pasó a la historia del conflicto como uno de los escasos municipios en los que no se produjeron ejecuciones. La vida constituye el bien jurídico y humano de mayor valor; por ello, quienes la arriesgan en defensa de la de los demás manifiestan un grado excepcional de generosidad y compromiso ético que resulta merecedor de reconocimiento público.
Más información sobre Cándido Llorente Notario en este documento
El alcalde de la paz. Dedicatoria
Detalles de un alcalde. Dedicatoria
PROPIETARIO DE LA TORRE CASTILLA
La mayor parte de los terrenos del Cerro del Castillo y de las áreas colindantes pertenecieron históricamente a la Iglesia, concretamente al Arzobispado de Ávila, institución que desempeñó un papel destacado en la repoblación de la zona. Desde el siglo XIII, el enclave estuvo poblado en su parte superior —en el emplazamiento de la actual Torre Castilla— por el núcleo originario de Castillo de Bayuela.
En el siglo XV, el asentamiento fue abandonado tras el traslado de la población a su ubicación actual, iniciándose un proceso de progresivo deterioro y despoblación. No obstante, durante los tres siglos posteriores, hasta el siglo XVIII, se intentó mantener en uso la ermita existente en el lugar.
Fue en 1835, como consecuencia de la desamortización impulsada por Mendizábal, cuando estos terrenos pasaron a propiedad privada con el objetivo de facilitar el acceso a la tierra a las clases más desfavorecidas. Sin embargo, dicha finalidad no se cumplió plenamente, ya que, en la práctica, las subastas beneficiaron mayoritariamente a las familias económicamente más acomodadas.
Cándido adquirió la finca en el año 1925, si bien ya la venía explotando desde 1913. Debido a su escaso interés económico para los propietarios originales —derivado de las dificultades que presentaba para su aprovechamiento agrícola o ganadero, dadas las características agrestes del terreno—, la explotación fue cedida a Cándido a cambio de que asumiera la totalidad de los gastos de mantenimiento. Esta situación se prolongó hasta que, años más tarde, en 1925, procedió a la adquisición definitiva de la propiedad.
Mantuvo la propiedad de la finca hasta su fallecimiento, en 1964, tras lo cual fue legada a su hija, Prudencia Llorente Chillón. A su vez, tras el fallecimiento de esta en 1996, la propiedad fue transmitida mediante legado universal a la totalidad de sus descendientes.
De entre el conjunto de bienes pertenecientes a Cándido y a Prudencia, que fueron legados a distintos descendientes conforme a su voluntad, se estableció de manera expresa que la Torre Castilla no se fragmentara entre las distintas ramas sucesorias. Con este fin, fue dispuesta de tal modo que, con el transcurso del tiempo, permaneciera en copropiedad de la totalidad de los descendientes, conscientes del elevado valor cultural e histórico del enclave. Esta decisión respondía, previsiblemente, al deseo de preservar la Torre Castilla como un elemento de unión familiar y de garantizar su puesta en valor como espacio natural singular y, de manera especial, como referente de la historia y la cultura de la comarca.
origen de la asociación cultural cándido llorente notario.
BREVE RESUMEN DEL VALOR HISTÓRICO CULTURAL DE LA TORRE CASTILLA.
Hace aproximadamente 55 millones de años, la mayor parte de la península ibérica se encontraba sumergida bajo el nivel del mar. Tras varios millones de años, los movimientos de las placas tectónicas africana y euroasiática provocaron su elevación, dando lugar al relieve actual. Entre las formaciones resultantes, destaca la Cordillera Central y, en particular, su sector meridional, donde se encuentra la Sierra de San Vicente. En sus faldas se alza el Cerro del Castillo, coronado por una meseta que le confiere una morfología singular.
La llanura elevada del cerro ha favorecido históricamente su aprovechamiento para asentamientos humanos. Su proximidad al valle del Tajo, la protección que proporciona su altitud y la facilidad de acceso hacia la serranía, con conexión al valle del Jerte, explican la continuidad de la presencia humana en la zona a lo largo de milenios.
Asimismo, se trata de un paraje natural de notable belleza y elevado valor forestal, que ofrece amplias y atractivas vistas sobre el valle del Tajo y del Alberche, así como sobre la Sierra de San Vicente y los núcleos poblacionales circundantes.
Se encuentra integrado dentro de la RED NATURA 2000 que constituye una red ecológica europea de áreas protegidas para la conservación de la biodiversidad, cuyo objetivo principal es garantizar, a largo plazo, la conservación de las especies y de los hábitats más amenazados de Europa, contribuyendo adetener la pérdida de biodiversidad en el territorio de los Estados miembros de la UniónEuropea. (Más informacion en la página Red Natura 2000 de esta web)
El terreno presenta una orografía ondulada, característica de las zonas adehesadas. Las parcelas colindantes se destinan actualmente a la ganadería y al cultivo de secano, intercaladas con amplios espacios sin aprovechamiento. La propiedad ocupa una superficie aproximada de 40.000 m², con vegetación de monte bajo en la meseta y monte alto en las laderas del cerro. En la actualidad, se utiliza como pastizal para el ganado.
A una distancia aproximada de 200 m al sur se localiza la necrópolis del Bronce Medio del Cerro del Obispo. Por su parte, la fortificación medieval del cerro forma parte de la línea septentrional de fortificaciones del Tajo, junto a otros enclaves como Mejorada, Segurilla o San Román (Mejorada, Segurilla; S. Román, etc.).
Desde la época del Paleolítico hasta la actualidad, el territorio y la población de Castillo de Bayuela han estado de manera continua habitados, dejando en el paisaje un abundante registro de vestigios arqueológicos y artísticos. De la época paleolítica se han hallado numerosos instrumentos de piedra tallada, incluidos bifaces. Del Neolítico se han recuperado molinos barquiformes, hachas pulimentadas, microlitos, lajas de piedra megalíticas y otros materiales.
Durante la Edad del Bronce, el Cerro del Castillo sirvió como emplazamiento para un castro, cuya necrópolis se ubicaba en el contiguo Cerro Calamocho. Posteriormente, los vettones reutilizaron el mismo lugar, levantaron murallas y esculpieron tres verracos, de los cuales actualmente se conservan en la plaza de San Antonio, en la villa de Castillo de Bayuela. Entre ellos, el Toro se considera uno de los ejemplares más destacados de la provincia de Toledo.
La fortaleza de Castillo de Bayuela posee un origen muy antiguo, posiblemente remontándose al Neolítico, aunque sus primeras manifestaciones como núcleo de asentamiento se sitúan en la Edad del Bronce, en el denominado Cerro del Castillo y en el contiguo Cerro Calarnocho. En la cima del cerro se estableció un poblado que configuró un castro amurallado siguiendo el perímetro sinuoso de la meseta.
Como evidencia de esta ocupación, se documenta la existencia de una necrópolis del Bronce Medio en el cercano Cerro Calarnocho, así como el hallazgo reciente de una estela antropomorfa datada a finales de la Edad del Bronce. Esta pieza es una de las mayores conservadas en la península Ibérica y contiene el dibujo antropomorfo más grande conocido hasta la fecha. Actualmente, la estela puede ser visitada en el Centro de Interpretación de la Naturaleza y Patrimonio de la Sierra de San Vicente, ubicado en Castillo de Bayuela.
En el Museo Arqueológico Nacional de Madrid figura el nombre de Castillo de Bayuela (Toledo), donde se conserva la estela-menhir hallada en su entorno, dada la relevancia que posee para el estudio y desarrollo de las estelas decoradas del suroeste peninsular. Este hallazgo se realizó en los alrededores del Cerro del Castillo y del Cerro Calarnocho, zonas que cuentan con evidencias de asentamientos humanos desde la Edad del Bronce. La pieza corresponde a una estela de guerrero o estela-menhir, que presenta los trazos de un antropomorfo o representación esquemática de una figura humana.
La piedra estaba ubicada en el llamado "Cerro del Obispo" (700 m.), junto a un camino vecinal que separa este cerro de los colindantes "Cerro Calamocho" (779 m.) y "Cerro del Castillo" (789 m.) (I). El paisaje de estos cerros está englobado dentro de la llamada Hispania Silícea donde las grandes formaciones graníticas son lo que prima junto a una vegetación dominada por encinas, alcornoques y matorral (2). Este paisaje unido a un clima apropiado, ha facilitado la presencia humana desde tiempos muy remotos, demostrado gracias a las excavaciones del yacimiento de Bronce Medio en el "Cerro Calamocho" (3) o el castro vettón ubicado en el "Cerro del Castillo" lugar de donde se bajaron a la villa tres de los verracos existentes.
La piedra se conserva de forma íntegra, se trata de un gran bloque de granito duro, con forma alargada, siendo la parte inferior más ancha y desde aquí decreciendo de forma continua basta la parte superior cuya terminación es prismática con aristas y vértice redondeados (2,07 x 0,34 -0,20 de ancho x 0,26-0,24 de grosor). En el inferior de la piedra se produce un estrechamiento (0,28 de ancho x O, 12 de grosor) lo que indica su clara función de haber sido hincada en la tierra (aún conservaba la marca de la parte enterrada en su extremo inferior). El trabajo de la piedra se concentra en su cara principal estando ligeramente tallada y pulimentada por lo que ofrece una cara plana, este trabajo está intensificado en la mitad superior de la cara principal. Los laterales también denotan un trabajo de la piedra con la intención de ofrecer caras planas, pero donde mayor se acentúa la labra es en su terminación prismática.
La cara principal muestra un dibujo esquemático con la representación de un antropomorfo (1,13 cm). En la parte superior dos cazoletas flanquean una línea vertical con un ancho más o menos uniforme que abarcaría desde la cabeza hasta la pelvis. Bajo las cazoletas una línea horizontal marcaría la diferencia entre lo que sería el rostro con el cuerpo. Los hombros lo conforman a su vez otra línea horizontal que se unen con los brazos en ángulo recto ligeramente curvados, y estos brazos caen en dos líneas verticales, paralelas al cuerpo hasta la zona de la pelvis aproximadamente, siendo el brazo derecho ligeramente más largo que el izquierdo. [Tras la limpieza de la piedra se pudieron observar tres trazos paralelos a la altura de la mano izquierda que indicarían los dedos de la mano].
A la mitad de la línea del cuerpo, sobresale hacia la derecha un surco cuya terminación se ensancha. Desde la pelvis se marcan las dos piernas que se abren en forma de U abierta, cuya terminación en los pies se estrechan ligeramente. La pierna izquierda resulta algo más corta que la derecha, y su terminación es ligeramente curva hacia la derecha marcando así la forma del pie o la disposición de caminar.
Este es otro ejemplar de estela antropomorfa, encontrada en la Torre Castilla.
Durante la Edad del Hierro, los vettones continuaron habitando el mismo castro, cuyas murallas determinaron el trazado que aún puede observarse en la actualidad, si bien la fábrica de los muros es de época medieval. De este periodo se conservan numerosos vestigios arqueológicos, entre los que destacan altares rupestres y dos fíbulas expuestas en el Centro de Interpretación. Sin embargo, los elementos más significativos son las tres esculturas zoomorfas que se encuentran en la Plaza de San Antonio (Castillo de Bayuela), así como las dos posibles figuras que aún permanecen in situ, todas ellas pertenecientes al castro y que atestiguan la relevancia del asentamiento humano en esta época.
En el pueblo se conservan los tres verracos que, al parecer, en origen se encontraban entre los cerros del Castillo y Calarnocho, en una zona destinada al ganado y en la necrópolis vettona. Se cree que uno de ellos permaneció en su ubicación original hasta los años 70 del siglo XX; concretamente, se trata del toro pequeño, el primero en la fotografía. Durante el siglo XX, los quintos adoptaron la costumbre de subir anualmente a voltearlo, ocasionando con ello daños en la escultura.
El término “verracos” se emplea de manera genérica, aunque existían tres tipos: el toro, el verraco propiamente dicho y la guarra. Según las fuentes, los toros grandes se situaban en los cercados destinados al ganado, mientras que los toros pequeños se colocaban en las zonas funerarias.
En el cerro no se conservan las viviendas vetonas, aunque si se hiciera una excavación arqueológica se llegaría a sus fundamentos. Probablemente los ocupantes islámicos reutilizarían las piedras para construir sus propias casas. para hacernos una idea de cómo debían ser las casas de los vetones, nada mejor que una foto de una reconstruida en el Raso de Ávila. Se componen de una base de mampostería para concluir en altura con adobe. Los techos eran de ramas tupidas como se pueden ver por ejemplo en las pallozas de los Aneares.
Este es un modelo de la tipología de las casas vetonas.
Recreación de cómo pudo ser el pueblo vetón en la cima del Cerro del Castillo.
No podemos dejar de destacar las piletas existentes en la Torre Castilla. Se trata de huellas del pasado remoto, principalmente del I milenio a.C. correspondientes a una de las ubicaciones donde podría haber situado un posible campamento de invierno de Viriato (líder lusitano) o lo que es más probable, de la época vetona. Las pilas, como las cazoletas, pueden tener sentido ritual por si mismas, esto es, tener por objeto la práctica de actos culturales no cruentos, caso de pilas butismales, las destinadas a abluciones antes o después de los rituales, pero en otras ocasiones las pilas forman parte de los altares constituyendo su elemento fundamentalmente, el lugar donde se depositaba la victima antes de ser sacrificada.
La primera arriba mostrada es de 60 cm de largo, 30 cm de ancho y 5 de profundidad, situada en un roquedo en el límite oriental del cerro. El lugar y las dimensiones de la pila, en especial su profundidad, hacen muy posible que el elemento en cuestión se trate de un altar vetón.
La segunda muestra tres piletas, dos de ellas rectangulares bien alineadas y otra circular. La perfección de sus trazos reflejan que son obra del hombre y no de la propia erosión de la naturaleza. Están hechas en roca granítica, muy dura, cuya erosión del tiempo provoca formas muy diferentes a las mostradas, por esto se da total credibilidad a las versiones de los expertos en el sentido de tratarse de restos de los pueblos celtas, en especial vetones.
Aunque de época romana no se ha encontrado ni un solo vestigio que pueda hacer pensar que hubo presencia romana en la cima del cerro, es cierto que con la invasión romana, en el año 69 a.c. César ordenó bajar las tribus indígenas a los valles para tenerlas controladas, por lo que pudo haber puntualmente algún destacamento romano en su cima, pero no hasta el punto de realizar construcciones romanas.
Parece ser que cuando los romanos colonizan la zona, se asientan en Talavera, más o menos en los siglos 11 y I A.de C. Los romanos negocian con las élites vetonas para no tener problemas. Ofrecen a los caciques locales mantener su estatus anterior, pero ahora al servicio de Roma. Los hijos de estas élites, aprenden latín y se romanizan, con lo que la posible amenaza de estas tribus se disipa. parece que los indígenas acaban por irse a vivir a las ciudades o villas, al servicio de los nuevos señores del poder. Ésta debió ser la historia final del poblado vetón.
Los visigodos vinieron después de los romanos, pero según el razonamiento anterior, aquí no debió haber población de nuevo hasta los árabes. Les debieron resultar muy interesante las posibilidades defensivas del lugar ante los ataques cristianos en la Reconquista. ¿Un visigodo enterrado? Según informaciones de los arqueólogos de Talavera, por estos cerros debió haber un templo dedicado a San Vicente (que da nombre a la sierra de San Vicente), que junto a Santa Sabina y Santa Cristeta son los mártires locales. Fueron martirizados en los últimos tiempos del imperio romano y, como hipótesis aventurada y abundando en las características mágicas del enclave, ¿No pudo instalarse aquí ese templo, y por eso se creó en sus inmediaciones un cementerio visigodo?
En época medieval es cuando se reaprovechará y reformará la fortaleza al estado en que se encuentra hoy. No podemos hablar de la existencia de un castillo (aunque su nombre etimológico haga referencia a ello), ya que más bien se trata de un recinto amurallado medieval. El origen de la fortaleza medieval será una atalaya del siglo X, de planta circular que después será reaprovechada para construir la ermita de Nuestra Señora del Castillo. Se piensa que tanto la atalaya corno las murallas (o parte de ellas) fueron realizadas en tiempos de Abd-AI-Rahman III (califa omeya de Córdoba entre 929-961).
Representación de como pudo ser la fortaleza amurallada con su atalaya vigia en el centro.
Representación de una atalaya vigia fortificada.
Posteriormente se fue adicionando un nuevo muro que actuaría corno segunda torre vigía a la que se fue añadiendo poco a poco otras estructuras hasta formar en el siglo XIII la iglesia de Nuestra Señora de la Encamación o Nuestra Señora del Castillo.
Las murallas también sufrieron entre el siglo X y XII reformas y ampliaciones como es notable en el trabajo de sus muros asi como en el torreón semicircular que se ubica en el lado Oeste.
HISTORIA DE LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DEL CASTILLO
Vista general de las ruinas de Nuestra Señora
del Castillo
Es una construcción levantada en piedra, primando la técnica de mampostería, a excepción de algunas partes en donde el sillarejo o el ladrillo destacan notablemente. En términos generales es un edificio de una sola nave, cuyo acceso se sitúa en el lado norte, con un “aparente transepto” que no fue tal, y un solo ábside. Aunque esta es su apariencia estructural, los muros denotan que no se levantó en un mismo tiempo y que su morfología es producto de diversas ampliaciones.
Detalle del ábside y unión con el muro de la capilla o sacristía. El ábside fue construido sobre los restos de la atalaya defensiva, primero morisca y luego cristiana.
Posiblemente el origen se encuentre en el propio ábside, el cual pudo ser una atalaya circular. El lienzo está trabajado en mampostería con ligeras verdugadas en piedra y dos mechinales.
El cuerpo principal de la antigua iglesia es un espacio rectangular. Está levantado en piedra con la técnica de mampostería, a excepción de la esquina
que une el muro oeste con el muro sur, en donde se utiliza el sillarejo. En algunas partes del muro norte, tanto exterior como interior, se aprecian diversos mechinales. La portada principal está realizada en
ladrillo y se sitúa en el muro norte. Se trata de un arco de medio punto rehundido en el muro, enmarcado por un alfiz y decorado por una banda de ladrillos en esquinilla. Una portada muy sencilla que parece conectar con el mudéjar abulense del siglo XII y XIII5. Dos pequeños vanos, rehundidos y realizados en ladrillo a modo de saeteras rectangulares al exterior y arcos de medio punto abocinados al interior, se abren a ambos lados de la portada.
En el muro norte del cuerpo de la iglesia, en la parte superior, se aprecian restos de material latericio a lo largo de una línea continua y una ampliación en altura del muro con una técnica de mampostería distinta. Del mismo modo, al final dicho muro aparece quebrado en dirección Sur y no enjarjado con el volumen de la “capilla o sacristía” que sobresale en este mismo lienzo. Esto indica claramente, que en un momento dado el cuerpo de la iglesia fue de menores dimensiones y que posteriormente se produjo una ampliación del edificio en altura.
Detalle de la portada mudéjar en la fachada norte de la iglesia.
El lienzo este de la iglesia o cabecera, no parece que corresponda a una construcción levantada en un mismo momento, ya que se aprecian diversas ampliaciones. Ya hemos advertido que el ábside, al ser los restos de una posible atalaya musulmana, es la parte más antigua de la construcción. La pared izquierda de la cabecera (vista desde el exterior), presenta un muro en mampostería con un pequeño
vano de ladrillo, a modo de saetera pero sin abocinamiento al interior. En el mismo se aprecian dos mechinales realizados en ladrillo. Dicho lienzo no se encuentra enjarjado ni con el muro de la torre ni con el muro del ábside, lo que indica que el ábside estuvo separado de la torre y que la iglesia se unió a ella tiempo después. En el extremo superior del mismo, se aprecia una línea diagonal que demuestra que la iglesia tuvo una primera cubrición a dos aguas, con dirección este-oeste.
Detalle de la fachada norte de la torre en la que se aprecia la forma del tejado a dos aguas.
Posteriormente, al igual que ocurre en el muro norte
del cuerpo de la iglesia, se produjo una elevación y un cambio en el eje de la techumbre, transformando su dirección en un eje norte-sur, tal como se aprecia en los restos del muro norte de la torre.
En lo que respecta a la torre, resulta ser un ejemplo muy llamativo de arquitectura medieval en la sierra de San Vicente, cumpliendo una función de torre defensiva pero de fabricación cristiana. Sus paredes, donde se denotan diversas reformas y ampliaciones, su volumen desproporcionado con respecto a la iglesia, y sus características decorativas de clara influencia almohade, lo convierten en un ejemplo muy interesante de estudio y a la vez complejo de interpretar, en lo que a su evolución constructiva se refiere. Posee planta cuadrada con esquinas redondeadas por el lado este. Los lienzos norte y este no se encuentran unidos a los lienzos sur y oeste, lo que correspondería a dos fases distintas, y en la esquina suroeste, con el objeto de reforzar la construcción, se levanta un pilar que a su vez parece ser un añadido. Interiormente posee dos alturas, una primera estancia cubierta por una bóveda túmida en ladrillo (formada por la prolongación de un arco de herradura apuntado), con un acceso abierto en el lienzo oeste por medio de un arco ligeramente apuntado en ladrillo. Una segunda altura viene formada por el cuerpo de campanas, con dos grandes arcos de medio punto en ladrillo en los lados norte y este y un arco de medio punto en piedra en los lienzos sur y oeste. La utilización de los aparejos de mampostería y sillarejo con verdugadas
de ladrillo (notablemente dibujados en el interior del primer cuerpo y en el exterior del lienzo este), el revestimiento decorativo a base de encintados calizos, el testigo de diversos mechinales o el empleo de la bóveda túmida en su interior, indican
que la torre se realizó, posiblemente, por alarifes mudéjares tomando algunas influencias estructurales o decorativas de la arquitectura almohade del siglo XIII.
Interior del piso inferior de la torre con vistas
de la bóveda túmida.
Saber cuándo se erigió la iglesia de Nuestra Señora del Castillo o establecer una cronología más precisa de su evolución constructiva es algo difícil de asignar por las escasas referencias documentales que existen. No obstante sí podemos acercarnos al contexto histórico del nacimiento de Castillo de Bayuela y su antigua iglesia, ayudados por las características formales de su arquitectura.
Desde la invasión musulmana de la Península Ibérica en 711 hasta la toma de las ciudades de Talavera y Toledo por Alfonso VI, entre 1083-1085, la sierra de San Vicente había sido territorio árabe, estableciéndose a lo largo del siglo X la línea de atalayas defensivas en lo alto de diversos cerros. Una vez conquistada la ciudad de Toledo, los serranos abulenses avanzan por el valle del Tiétar y el Alberche y establecen los límites con Talavera de la Reina en 1152. Poco después, entre 1156 y 1158, se fundó la abadía de San Vicente en lo alto del cerro de su nombre, con el objetivo, entre otros, de poder propagar la religión cristiana y propiciar así la repoblación de los territorios reconquistados. Pero la tranquilidad cristiana en estas tierras dura poco, y tras la derrota de Alfonso VIII en Alarcos (1195), los almohades consiguen llegar hasta Guadalajara, sitiando ciudades como Toledo, Maqueda o Talavera de la Reina. No se quedarán mucho tiempo, ya que el mismo rey vuelve a realizar incursiones hacia Talavera estableciendo “su Real sobre Bayuela”, según se nos dice en las Crónicas de la población de Ávila (escritas probablemente entre 1255 y 1256). La tranquilidad a las tierras serranas sólo llegará tras la victoria de las Navas de Tolosa, en 1212. A partir de esta fecha se concederán los primeros señoríos por parte del Concejo de Ávila, como la concesión de tierras de la Aldea del Obispo (junto a Cardiel de los Montes) en 1233, o el señorío de Navamorcuende, en 1276.
La primera vez que aparece referenciada Bayuela en un documento, hasta el momento, es en las Relaciones del Cardenal Gil Torres, escritas en Lyon el 6 de julio de 1250, por el que se solicitaba información sobre los impuestos que las aldeas y parroquias existentes en el antiguo obispado de Ávila debían pagar a la catedral de dicha ciudad. En dicho documento aparece citada “Vayuela XXVI morabetinos”, junto con Garci Fortun (Garciotum), San Román y Aldea del Obispo, lo que significa que ya existía la aldea o población de Bayuela en lo alto del cerro del Castillo, con la consagración de una iglesia. Para corroborar este hecho, en un documento de 1273 se menciona a un tal “Don Alfonso, clérigo del Castiello de Vayuela” 10, por lo que es definitorio que a mediados del siglo XIII la iglesia ya existía.
Noticias de la Iglesia hasta el s. XVI
Entre el siglo XIII y mediados del XV, aun sabiendo la existencia de documentación relativa a la historia de Castillo de Bayuela, ésta no hace mención expresa a la iglesia de Nuestra Señora del Castillo. En el famoso libro de los Veros Valores del Obispado de Ávila (1458) aparecen datos significativos sobre el valor de la iglesia, la sacristía y se hace mención de los beneficiados en ella11. En noviembre de 1469 los Duques del Infantado, señores de Castillo de Bayuela, ordenaron que los diezmos cobrados se quedaran en la casa de la cilla o panera cerrada por dos cerraduras y las llaves la “tenga mi arrendador e la otra este cura de la dicha mi villa o el mayordomo
de la iglesia della (…)”. El 19 de noviembre de 1473, el Papa Sixto IV concedió dos bulaspapales a Mateo Sánchez de Lunar, sobre el beneficio parroquial de Santa María del Castillo, del cual era párroco.
Quizá uno de los documentos más interesantes, mencionado muchas veces por su importancia histórica, acerca de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo, es el referido a la disputa sobre el servicio religioso entre la iglesia matriz y el resto de aldeas de la jurisdicción de Castillo de Bayuela. En Hinojosa, el 20 de febrero de 1482, se reúnen los representantes municipales de las diversas aldeas (Castillo de Bayuela, Garciotum, Nuño Gómez, El Real, Hinojosa y Marrupe) con representantes eclesiásticos del obispado de Ávila y con Alfonso García, cura de la iglesia matriz de Castillo de Bayuela. Es significativo porque en el primer punto de la disputa se dice “que la iglesia matriz e cabeza de ellos era Santa Maria del Castillo, donde por agora non viven vecinos algunos, e porque los dichos clérigos residen e moran de continuo en el dicho logar Pajares de manera que los otros logares han estado e estan sin clérigo o sacerdote que les administrase los Sacramentos (…)”. A la luz de estas palabras, podemos deducir que en lo alto del cerro del Castillo ya no habitaba nadie y que la población se había establecido en su antigua aldea llamada Pajares, sustituyendo este nombre por Castillo de Bayuela. Al decir que “los otros lugares han estado e están sin clérigo”, nos dice que las iglesias de sus aldeas no estarían levantadas para el año de 1482, excepto la iglesia de San Andrés de Castillo de Bayuela, ya que “los dichos clérigos residen e moran de continuo en el dicho logar Pajares” .
Siglo XVI: Abandono de la iglesia y reconstrucción como ermita.
Una vez que la población de Castillo de Bayuela baja a la ladera del cerro del Castillo, lugar en donde se encontraba la aldea de Pajares, la iglesia de Nuestra Señora del Castillo quedó abandonada, con el consiguiente deterioro de su arquitectura, hasta quedar literalmente en ruinas. Las Relaciones de Felipe II, redactadas en la villa de Castillo de Bayuela el 4 de octubre de 1578, describe la situación en la que se encontraba la antigua fortaleza e iglesia:
“En cuanto a el capitulo veinte e nueve dijeron que en esta villa no tienen ningún castillo ni fortaleza, salvo la torre de la Iglesia de la dicha villa, que es fuerte, y en la jurisdicción en el cerro del Castillo que esta dicho, de donde esta villa se abajo, no tiene a el presente mas que los rastros de haber sido castillo, y estar en lugar aparte fuerte”
“En cuanto a el treinta e un capitulos dijeron que en esta villa no hay ningun edificio señalado de que poder hacer memoria, ni rastros de edificios antiguos hay, los cuales estan perdidos y arruinados, como es el sitio y lugar del Castillo, donde no ha quedado sino tan solamente una iglesia, que se llama Nuestra Señora del Castillo, y lo demas esta todo por el suelo…”.
El hecho de que la iglesia se encuentre en desuso no significó, tanto para la gente de los pueblos como para el estamento eclesiástico, que se olvidasen de lo que representó para la historia del señorío. Por ello, a finales del siglo XVI, hay una preocupación por reconstruirla y volver a darle una nueva funcionalidad, esta vez como ermita. Esto se deduce de los documentos eclesiásticos y municipales de Castillo de Bayuela. Por parte de la iglesia, en la visita parroquial del 5 de febrero de 1598, existe un mandato por el cual “… avia mandado repartir cierta
cantidad de m[aravedie]s entre las yglesias de esta feligresia para rreparar la hermita de N[uest]ra S[eñor]a del Castillo y segun estaba ynformado pa que ello se abia gastado en rreparar la hermita y agora por p[ar]te del pueblo e conçexo desta v[ill]a se buelve a pedir que se haga el corre pertimiento por ser como ees la d[ic]ha hermita la cabeça principal de la d[ic]ha feligresia donde al principio estava fundada la yglesia desta villa por tanto dijo m[erde]d que lo rremitia y rremitio a su s[eñori]a el s[eño]r obispo de Av[il]a por su prov[is]or para que lo bean y manden lo que es___ mas conbenga atenta la neçesidad que la d[ic]ha hermita tiene de rrepararse”. Por su parte, el concejo de la villa también se implica directamente en estos reparos y así, el 8 de noviembre del mismo año, ante los daños que había producido Diego Martín al realizar ciertas roturaciones en la cañada de Navaluenga, se le impone una multa cuya cuantía se destinaba para ayudar “a lebantar y rreparar la ygl[esi]a de nuestra S[eñor]a del Castillo pues ven la necesidad que tienen de rreparo”.
Durante el siglo XVII nos encontramos con los primeros mandatos determinando que, en recuerdo a que la ermita de Nuestra Señora del Castillo, también llamada de la Encarnación o Asunción, fue la iglesia matriz de todas las poblaciones del señorío de Castillo de Bayuela, se realice una procesión anual en lo alto del cerro el 25 de marzo, en la que participen todos los pueblos de la jurisdicción acompañados de cruces y pendones, multando a su vez a aquellos pueblos que no acudan a dicha romería.
Pero antes de que se llegue a realizar la procesión siguen las obras para reparar dicha ermita. El 30 de abril de 1605, y por acuerdo del ayuntamiento y concejo “se acordó que para ayuda al rreparo de la Yglesia de N[uest]ra Señora del Castillo, donde antiguamente estava esta villa y matriz de las demás deste benefiçio, ayude este ayuntam[ient]o de sus proprios con mill rreales y a los mayordomos que los pagaren se les pase en quenta lo que para este rreparo se diere y, si fuere neçesario para ello, se señale una obligaçión de ganado hervazejo para ello y que no se pueda gastar en otra cosa”19. El 12 de julio de 1609, estos mismos 1.000 realesfueron reclamados por el ayuntamiento querellarse contra Antonio Cabero de Villasana, alcalde mayor que fue la villa, por haber otorgado una serie de salariosal médico, boticario y escribano así como librar dicha cantidad de dinero para la obra de la ermita20. Por parte de la iglesia, en las cuentas de 1606-1610 de la parroquia de San Andrés existen gastos de “qui[nient]os y sesenta y siete rreales que fueron repartidos a la yglesia desta villa para la ovra de nuestra señora del Castillo por mandamientos de su
s[eñori]a de q[ue] mostro cartas de pago y recados bastantes” .
A primeros de marzo de 1610 la ermita se encuentra prácticamente terminada para celebrar la romería. El día 8, desde el ayuntamiento se anuncia que “esta hecho el rreparo del tejado como es notorio que solo falta limpiarla” , dándose por finalizadas las obras a falta de blanquearla, llevándose la imagen de la Virgen en procesión el 14 de septiembre. Actualmente, aún es perceptible en algunas partes internas de los muros que se conservan el revestimiento de yeso que tenían sus paredes con el consiguiente blanqueo de la misma, sobre todo en los vanos abocinados del muro norte.
Una vez reconstruido el edificio, había que decorarlo y proveerlo de algunos elementos básicos tales como una campana, o bien un altar, el cual se mandó que fuera de azulejos talaveranos. De esta forma, el 24 de marzo de 1613, se propuso “que la canpana questava en el Castillo q[ue] de pres[en]te esta en la torre desta v[ill]a y ansi mesmo esta en esta un oficial de canpanas en esta d[ic]ha v[ill]a que si les paresce que la d[ic]ha canpana se haga y adove por estos como esta quebrada y lo que costare se pague de los propios comunes deste ayuntam[ien]to y hecha se ponga en la ygl[esi]a del Castillo donde de antes en estava y esto se acordo y voto” . El 28 de febrero de 1621, el visitador don Juan Ruiz Arcaute de Guevara, ordenó diversos mandatos relacionados con el ornato y decoro de la ermita, tales como que se hicieran unas nuevas puertas de acceso, la creación de un panel de azulejos para el altar, el entierro de cuatro santos que había en su interior, los cuales estaban deteriorados, el arreglo del tejado y una obra para tapiar una ventana25. Algunos de estos reparos no se llegaron a realizar hasta el año 1623 y se continuaron en años posteriores (1673-1674, 1683-1685 o 1692). En lo que se refiere al altar de azulejos, aunque el mandato se produjo en el año 1621, éste no se llegó a realizar hasta el año 1678, pero con la diferencia de que en lugar de hacerlo en azulejos se realizó de damasco
Otro documento importante sobre la procesión que se realizaba cada 25 de marzo en la antigua iglesia matriz, lo dio a conocer don Marcelo Gómez Matías, leyendo los mandatos de los libros de cuentas de la misma. El 17 de mayo de 1674, se describe cómo celebrar la romería y procesión, con participación de todos los pueblos, así como las multas que tendrían que pagar si alguno de ellos no asistía. Hemos de decir que no todos los años se respetaba la tradición, y por ello el visitador insiste en el hecho de la obligación moral que tenían todos los pueblos con su iglesia matriz.
A cargo del cuidado de la ermita y de la imagen de Nuestra Señora, como era frecuente en otras muchas ermitas de la sierra, estaba algún santero como Lucas Gómez (1675), Diego de Santa Teresa (1694) o Roque Gómez (1709) . A finales del siglo XVII se produjo un incendio en el cerro33 que no debió afectar a la ermita, ya que en las cuentas de principios del siglo XVIII no se recogen desperfectos importantes, más allá de los habituales en este tipo de construcciones.
Siglo XVIII: Hacia el ocaso de la ermita



















