Asociación cultural
  CÁNDIDO LLORENTE NOTARIO


EL  TESORO DE LA TORRE CASTILLA.


Desde siempre hemos escuchado hablar del tesoro de la Torre Castilla. Existe una creencia popular sobre la posible existencia de un tesoro, con auténticas riquezas, enterrado en algún lugar de la finca. La imaginación humana es ilimitada y ambiciosa y, si bien la historia y la cultura tienen un gran valor inmaterial incuantificable, por qué no perseguir, además, algo más terrenal, las riquezas de alguno de los reinos que nos dominaron que, a falta de bancos y cajas fuertes, utilizaban las entrañas de la orografía para atesorar las riquezas. 


El cerro del Castillo es de composición granítica, una roca muy dura y resistentes, proclive a la formación de cavidades susceptibles de utilizar como una primaria caja fuerte. 


Todo esto es simple creencia popular, pura mitología, que no responde a ninguna referencia contrastada, no obstante lo cual, se sigue manteniendo la ilusión romántica de un pasado aristocrático que amasó grandes riquezas que con el paso del tiempo y las vicisitudes fue abandonado y, con el tiempo, olvidado.


Quien de todos nosotros, yo el primero, no ha subido a la Torre Castilla con algún artilugio localizador de metales para descubrir el tesoro, sufriendo un desaliento más de esos que te da la vida por la desmesurada ambición. Si realmente hubiera algún tesoro no sería justo que, quien lo amasó lo hiciera con mucho esfuerzo y trabajo, para luego disfrutarlo algún suertudo encontradizo que lo dispondría con la soltura del hijo perezoso que se encuentra con un legado regalado.   


Como no hay indicios científicos que nos hagan concluir que fuera cierta la creencia de un supuesto tesoro, pues lo dejaremos en eso, una ilusión, pero no es menos cierto que la ilusión es un carácter exclusivo del hombre como ser racional que le diferencia del resto de animales, por esto, lo seguiremos fomentando, aunque solo lo sea para dar rienda suelta a nuestra imaginación creativa. 


La literatura, en la que se plasma la creatividad del autor, no deja de ser un auténtico tesoro, por eso, si no hay joyas, monedas y otros objetos de valor, pues nos quedaremos con el tesoro de la creatividad literaria. 


Está en la idea de la Asociación, entre otras, la de hacer eventos y concursos para fomentar la cultura y, una de ellas puede ser, se me ocurre, un concurso de relatos cortos sobre el tesoro de la Torre Castilla, donde se presenten diferentes textos sobre el origen del tesoro.


Yo tengo mis dos relatos que voy a plantear, para que nadie me quite la primicia: por un lado, el tesoro procede de los visigodos y, por otro, procede de los templarios. Os lo desarrollo abajo.


EL TESORO DE LOS VISIGODOS.


Nos remontamos al año 711 d.c. Después de la muerte del rey visigodo Witiza, se produjo una lucha interna entre los descendientes del monarca fallecido y Don Rodrigo, quien usurpó el poder de forma violenta a los legítimos herederos del reino. Una facción de los nobles partidarios de los herederos de Witiza le pidieron ayuda a los musulmanes para derrocar a D. Rodrigo, los cuales, después de atravesar el estrecho de Gibraltar, le vencieron en la batalla de Guadalete, lo que produjo la expansión del Califato Omeya, que en vez de entregarle el poder a los nobles siguieron conquistando la península. 


En aquel momento, la capital de España estaba en Toledo, donde se acumulaba el gran poder visigodo con todas sus riquezas. 

Ante la expansión musulmana, los visigodos tuvieron que huir de Toledo junto con todas sus pertenencias, cargando con parte de la población y con grandes carromatos atestados de las riquezas del reino. 

La huida la dirigieron hacia el norte, donde la orografía agreste les daría la posibilidad de defenderse. Desde Toledo, a lo largo del valle del Tajo, la huida fue rápida y fluida, pero cuando llegaron a las montañas de la cordillera Central, se encontraron con el problema de superar los pronunciados picos para pasar al valle del Tiétar. Eligieron el puerto de menor altura, el puerto del Pico, en la sierra de Gredos, pero para poder franquearlo tuvieron que dejar gran parte de la carga ante el riesgo de los moriscos que les pisaban los talones. En la línea de huida, desde Toledo hasta el puerto del Pico, se encontraron con un cerro granítico amesetado, donde, para facilitar la ligereza de la huida, enterraron gran parte de sus riquezas, con la esperanza de poderlas volver a recuperar. 

Ese cerro amesetado, granítico, con múltiples oquedades, es el cerro del Catillo, en concreto, en su cresta, la Torre Castilla, donde duermen las riquezas de los visigodos hasta que algún día un avezado arqueólogo las haga despertar. 


Junto a la torre hay un aljibe que actualmente se encuentra desecado. Se le ha dado una importancia relativa, pero hay algo que trasciende más allá de su simple análisis. Para los visigodos el agua era signo de vida y riqueza, y los aljibes son depósitos de agua, por esto, se puede concluir que en el hueco que damos en llamar aljibe, en realidad es la entrada a la oquedad donde se encuentra el tesoro. 


Cuantas veces he tenido la tentación de saltar al interior del aljibe, pero el miedo a encontrarme con alguna culebra me ha dado la generosidad de dejar el mérito a otro más valiente. 


Aljibe en el que, según el relato, tiene entrada la cabidad donde se encuentra el tesoro de los visigodos.










EL TESORO DE LOS TEMPLARIOS.


Es conocido por todos las enormes riquezas que amasó la Orden del Temple, siendo su principal depósito en la Torre del Temple, una enorme fortificación situada en Paris. 

Debido al gran poder que habían adquirido los templarios, el rey Felipe IV de Francia, con la connivencia del papa Clemente V, en 1314 decidió apresar y ejecutar a todos lo templarios acusados de herejía. Fueron apresados en 1307, pero unos días antes de esto, el último gran maestre de la orden, Jacques de Molay, fue advertido de las pretensiones del monarca. Para poner a salvo todas las riquezas de la fortaleza de Paris, se enviaron dos caravanas de carros con todas las pertenencias, una hacia Escocia y otra hacia Portugal. Una de ellas estaba vacía, pues era un señuelo para despistar a los secuaces reales y la otra portaba la totalidad de los tesoros. 

Si bien, en aquellos momentos, los templarios tenían buena relación y consideración con los monarcas en Escocia y Portugal, les ofrecía más seguridad de futuro la estirpe lusitana, por esto, la caravana señuelo fue la de Escocia y la que portaba las riquezas la de Portugal. 


La caravana pasó de Francia a la península ibérica por el paso de Roncesvalles, encarando la línea recta hasta la zona de Lisboa. Como itinerario más cómodo para pasar el valle del Tiétar al Valle del Tajo, se eligió el puerto más bajo de la cordillera Central, el del puerto del Pico. 


En el trayecto hicieron una larga pausa en una zona recién reconquistada, y en repoblación, donde se estaba construyendo una ermita con líneas redondeadas, típica construcción templaria, en la cúspide amesetada del Cerro del Castillo. Aprovechando los trabajos, y por acuerdo de los templarios con el obispado de Ávila, quienes recibieron generosas aportaciones, se les encomendó la custodia de parte de las riquezas templarias, que fueron depositadas debajo de la ermita de Nuestra Señora del Castillo. 


No hay que buscar tozudamente para encontrar el tesoro, porque era una práctica habitual de la Orden depositar las riquezas debajo del ábside de sus templos. Es notorio y conocida la ubicación del ábside de la ermita, por lo que solo bastaría, con cuidado de no dañar los restos, excavar en su base. 


Lugar del abside, debajo del cual se ocultó el tesoro de los templarios.






P.D. Todo esto no son mas que elucubraciones mías, pero, como diría el humorista José Mota "y si sí"